Objetos obsoletos - Bar-Lock Nº6

Este jueves : escribir una historia en la que aparezca un objeto que haya caído en desuso por las nuevas tecnologías.


Recuerdo que después de pasar por muchas pruebas, me llevaron a una habitación muy hermosa, con vista panorámica a la orilla del mar. En esa enorme estancia, había un bello escritorio de caoba estilo francés que, siempre compartí con el silente e imponente busto de Shakespeare. Allí, pasé los mejores momentos disfrutando y dando lo mejor de mi, como asistente de un solitario dramaturgo.

Los años pasaron, demasiado rápido. Fusionada a ellos, viaje por la vorágine impetuosa de sus pequeños universos estructurados; haciéndome cómplice de sus triunfos y derrotas, alegrías y lágrimas. Me acostumbre de lleno cada día a vivir dentro de sus creaciones, las más espectaculares, acompañada por miles de insólitos y estrambóticos personajes. Recuerdo, cómo adoré escuchar en voz alta sus monólogos, mientras él, escribía y se fumaba un cigarrillo. Algunas veces me hacían sentir mal sus bloqueos creativos, y las peleas con sus párrafos.

Así, a través del tiempo me enamore de la mistificación de su oficio, de sus ínfulas literarias. Me convertí en su fiel ayudante, una tímida, silenciosa y honesta compañera, que solamente recibía órdenes. Estaba perdidamente embelesada del romántico y bohemio escritor, de las suaves y rápidas pulsaciones de sus dedos sobre mi caja torácica que, más de alguna vez, he de confesar, me llevaron al éxtasis. Como olvidar la forma única, dedicada al tocarme y acariciarme, si me apasionaba verlo caer en esa especie de trance, una obsesión intelectual que engendran las más aberrantes ficciones.

Con él, fui muy dichosa, abismada por su filosofía que se fue quedando atrapada con mi ayuda en las hojas blancas, que día a día acumulaba en su archivo, donde reposaban centenares de novelas, relatos, cuentos y poemas. Estar con él en esos momentos, era descubrir lo más íntimo de su materia gris, con la cual, producía todo tipo de lectura, que se fue transmutando a famosos libros que se vendieron por todo el mundo.

Hoy me pregunto, ¿Dónde estará? ¿A quién le estará seduciendo con el rose de sus dedos febriles? Tantas caricias que me dio, que ya no reconozco otra manos. Me hace falta su olor a brandy, el olor a café, el humo de su cigarrillo, el lugar donde nos sentábamos a pensar y a escribir. Nunca pensé que un buen día, sin un ápice de empatía me pagara con el abandono y el desamor, después de ser suya incondicionalmente, y de ser muy eficiente.

El tiempo ha pasado, la nueva y sofisticada tecnología ha hecho de mí una caja de fierros obsoletos. Ahora me encuentro rayada, abandonada, en desuso, acumulando polvo con un anticuario, y desde entonces no me resigno, no sin saber, cuando vendrá por mí, mi amado bohemio y soñador. Hace años que lo espero triste, inmóvil frente a una gélida vitrina, donde veo pasar y entrar personas que me manosean y se ríen de mi apariencia. No quisiera caer en manos de algún hipster que solo pretende impresionar a sus amigos con la moda del último grito Vintage.

Seguiré en la espera ... él vendra, yo lo presiento.

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