Sucedió a bordo - Deuda Pendiente

Este jueves: escribir historias que puedan haber sucedido en un medio de transporte.

Después de un cuarto de hora el tren se aproximaba con su estrépito metálico. Saiyan cerró los ojos al vibrar de los rieles mientras una presión en su garganta le sugirió no subir al tren. Una sensación repentina y aterradora se apoderó de su corazón.

Más sin embargo, lo abordó letárgicamente, con dolor inconcebible y un miedo inexplicable. Enseguida la imperiosa máquina emprendió su extraño viaje, y comenzó su largo trayecto chasqueando sus luces blanquecinas, el suelo retumbó y las ruedas de acero chillaron.

Al cabo de una hora de viaje, y bajo un estado de enajenación ensoñada comenzó a notar que todo parecía coincidir al igual que en su sueño lucido. Ese sueño recurrente donde una mágica sucesión de imágenes, lo atrapaban todas las noches en una desgarradora he insólita aventura. Sus ojos verdes comenzaron a observar cada espacio, pudiendo reconocer enseguida los amplios asientos de tapiz violeta lustroso, la tenue luz de las lamparillas que hacían mil equilibrios con el movimiento del tren, y el reflejo de la misma mujer en los cristales, cuyo rostro cubría un negro antifaz de terciopelo.

Si mediar palabras la bella mujer se acercó al semblante de Saiyan con su dulce olor adúltero, luego depositó sus compulsivos y ardientes besos ante el deslumbró de este. - ¡No es posible. Es la misma mujer de mis sueños!. - se dijo así mismo con trémula emoción. Enseguida las crispadas manos de la misma muerte se asieron de su cuello, fue entonces que pudo escuchar el rechinar de sus dientes decir a su oído: - Debo embargar tu esencia para satisfacer tu deuda. - dichas palabras retumbaron una y otra vez en su caja torácica.

Entre tanto un batallón de moscas lascivas revoloteaban sobre la mujer para adornar sus pútridas carnes. Saiyan respiro el escalofrío, mastico la muerte, y vómito el dolor amarillo que lo poseyó en segundos. Finalmente enterró sus filosas uñas a sus costados, cual carne de res para asar, y se lo llevo dejando atrás un surco sangrante. El tren expreso siguió su curso, solo haciendo paradas para todo aquel que tenga una deuda de amor pendiente.
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