Encrucijada - El Embrujo

Este jueves: escribir precisamente sobre una encrucijada, sobre aquella ocasión de especial importancia en que se tuvo que optar y elegir. 

Toshiro se levantó desesperado, jadeante, bañado en sudor, había despertado de una horrible pesadilla. En sus sueños una figura malévola, tenebrosa, se acercó a él y comenzó a morderlo hasta arrancar pedazos de su piel. Un manantial de sangre comenzó a brotar de sus ojos, empapando sus mejillas, y el pánico se volvió más agudo y enloquecedor hasta su rápido retorno a la realidad.
Así continuó toda la noche, envuelto en esa vorágine de sueños, terror y locura hasta que amaneció. Toshiro sabía muy bien que había sido víctima de un embrujo realizado por la perversa Asakura reina de las tinieblas, un Yōkai (demonio) con sexualidad desmesurada que capturaba varones vírgenes para su Harem.
Pero Toshiro era muy valioso para ella, puesto que poseía habilidades y poderes especiales que superaban a las fuerzas del mal, habilidades que podría usar solamente cuando alcanzara la madurez. Por eso a toda costa deseaba quitarle su virginidad, ya que al momento de cada cópula aspiraría su energía para hacerse más poderosa y agresiva.
Aunque temía salir y encontrarse con las entidades malignas de sus noches, Toshiro anduvo caminando sin rumbo fijo todo el día. Su mano apretaba el katashiro (amuleto de papel) que un Onmyōji (médium) le dio para su protección sin resultado alguno. De pronto pensó: - ¡Tengo que abolir el conjuro. Tengo que impedírselo! - Y como último recurso, recordó las palabras de la onibaba (bruja) que había visitado en busca de ayuda, - Los monjes budistas no te pueden ayudar. La única  opción es que aceptes el pacto con Karudokei (Mitad humano. Mitad yokai) - la criatura más odiosa y temida de la esfera terráquea.
Las horas pasaron y un cielo mucho más negro que la noche estrellada comenzó a tomar posesión. Su larga melena revoloteaba al mismo tiempo que sus pensamientos, por un lado, no quería someterse a la voluntad de Asakura, por el otro, renegaba pactar con Karudokei, ya que este le pedía el ojo mágico de su dragón Angora a cambio de protección.

De momento, a lo lejos pudo ver la silueta de una persona alta, fantasmagórica con blancos y largos cabellos, ojos muy rojos y afilados colmillos. El temor causó su efecto al apoderarse de su espíritu, y si aún no enloquecía era por su valentía. Toshiro percibió y estaba consciente de que aquél era el momento de tomar una decisión. Además tuvo que reconocer que estaba atrapado en una terrible encrucijada que no podía resolver estando dentro de un simple hombre mortal.
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