Cuentos - El Ghoul Híbrido

Les cuento, todo sucedió una noche en la cual…


Una pequeña ráfaga de viento tibio y perfumado corrió por la ventana, haciendo que las cortinas trasparentes rosaran mis mejillas. La negra y lúgubre cabellera se me desplazaba por todo el cuerpo atrapándolo en un estado de limbo que en mi psiquis se había creado. Paralizada solo pude observar la salida de mi cuerpo físico, y emprender velozmente un viaje astral, un viaje a otra dimensión fuera del espacio tiempo.


Así pues, al llegar a ese plano etéreo, me vi rodeada de varias criaturas cuyas cabezas parecían de hienas feroces y que solo observaban mis movimientos; ante tal terror sentí que mi frágil cuerpo estaba a punto de emulsionarse entre un sinfín de siluetas infernales. Para mi asombro, observe una de ellas a media luz que luego se trasformó en un hombre alto, con el cabello largo y color grisáceo que levitando vino hasta mí, fue entonces que pude ver sus ojos grandes color turquíes y su traje de terciopelo negro, de cuyas amplias mangas de armiño salían las manos sosteniendo un pergamino sellado con gemas y cristales. 

En segundos agarró suavemente mis caderas, luego despacio, acerco sus labios gélidos a mi trémulo y tibio cuello, su olor era unico, fuerte, a embriagantes nardos y azucenas; pero al cambiar repentinamente a una criatura verde encorvada de un solo ojo, el olor fúnebre se trasmutó al azufre. Con desesperación tumbo mi cuerpo en estado de cierta parálisis, y hundiendo sus colmillos en mi pecho hizo un tajo en pleno corazón. No hubo dolor, más cierta fascinación y placer al sentir con la fuerza que bebía y lamia el líquido extraído, de la bolsa llena de vasos sanguíneos que latían aceleradamente. Y bebió hasta que sus ansias se calmaron, hasta quedar satisfecho. 

- Gracias, por dejarme disfrutar tu corazón. - dijo una tenue voz en la penumbra, bajo el reflejo de la luna colándose por la ventana. A la mañana siguiente, desperté pletórica, exaltada, he hice un esfuerzo por levantarme; y con la memoria un poco desorientada pude ver bajo mi almohada aquel pergamino, el mismo del sueño. Me quede inmóvil, no sabía qué hacer, que pensar. La curiosidad me hizo abrirlo, y para mi fascinación allí estaba escrita mi utopía con hilos de oro y plata. - ¿Dios, fue una fantasía o una realidad? -  me cuestioné con cierto temblor en las manos. ¿Era posible de haber vivido un sueño tan lucido, tan cierto, tan ... tangible?
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