El mar - El Tritón

Este jueves: para esta convocatoria debemos escribir un relato sobre el Mar, o la Mar, como dicen marineros, pescadores y poetas.

Aquella mañana de verano era especialmente calurosa, el sol brillaba con fuerza en un cielo intensamente azul. Había descubierto una de las playas de mayor belleza que había visto en mi vida. El agua era de un azul cristalino, la arena blanca y fina.

Me sentía feliz tumbada bajo el sol en aquel paraíso terrenal, disfrutando de un día entero, admirando la paz y la tranquilidad que me ofrecía. Me había ubicado en el sitio más apartado y con menos gente, lejos de donde rompen las olas, de los bañistas y su algarabía.

El sol tostaba con saña mi cuerpo, mientras una tibia brisa con rocío de agua salada lo acariciaba. De pronto, pensando en tonterías, entre en una especie de estado de vigilia, sentí que me eleve en una suave y blanquecina burbuja. En ese instante escuche un canto subliminal, podría asegurar que era hipnótico. Su poder de atracción me hizo levantar la cabeza, sorprendida vi a lo lejos entre las olas y el rugir del viento, la aparición de una figura que semejaba a un hombre humano desnudo, sentado sobre una roca que asomaba en el mar.

La melodía me obligó tirarme al agua y nadar a los alrededores, no estaba tan lejos, y pude ver su piel blanca y sus cabellos rubios. Al verme se zambulló al agua y comenzó a nadar con extraños movimientos, mientras avanzaba hacia mí. Por unos segundos me observó detenidamente, y después sonriendo agarro mi mano y me llevó hasta el fondo del mar.

Mientras nos sumergimos por las profundidades, telepáticamente me dejó saber que, al pasar por el territorio de las Gorgonas deberíamos ser muy cautelosos ya que podríamos ser devorados por las culebras de sus cabezas. Pasado el peligro llegamos hasta un lugar, con un escenario vivo y colorido donde la majestuosidad de cientos de animales acuáticos y sus colores me impresionaron. Enseguida por una montaña de un sinfín, de fauna y flora divise un enorme castillo dorado, rodeado de tritones, sirenas, ninfas y nereidas.

El Tritón me detuvo a cierta distancia y señalando hacia el lado opuesto me dijo:

- Mira, esas son las nueve musas de la literatura griega, hijas de Mnemósine la quinta esposa de Zeus. Me quede idiotizada, no podía creer lo que estaba admirando. Tenían facciones realmente hermosas, las más sublimes entre la naturaleza y lo humano.

Después de un rato, sin decir más nada retrocedió asustado, cuando miles de peces comenzaron a rodearnos al ritmo de un estridente sonido. Al parecer Neptuno se había enterado de mi presencia y el atrevimiento del Tritón de su corte.

Me desperté sobresaltada sobre un arrecife de corales rosáceos, y rodeada de caracolas, en mi cuello un hermoso collar de perlas blancas. ¿Sueño o realidad? no lo se, solo recuerdo que en ese viaje alucinógeno, alborotada por las endorfinas de mi cerebro, disfrute al máximo el mágico mundo de las deidades marinas.

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