Túneles - El Túnel de las Almas Perdidas

Era un fin de semana muy esplendoroso y caluroso, el día lucía perfecto para entrenar con la bicicleta de montaña. Me sentía completamente motivada, decidida y libre a realizar un considerable rodeo de varios cientos de kilómetros para subir la montaña. Desde que arranque, no pare de pedalear, me sentía espectacular con el trabajo muscular y calidad cardiovascular.

Después de algunas horas la subida se iba haciendo más y más dura, el sol y la humedad hacían que hirviese mi piel, el sudor ardiente corría por mi cara. Decidida, ascendí por la Ruta 15, hacia una hilera de picos escarpados. Fue en esta ruta, cuando el camino se inclinó a 12 grados, y me di cuenta que las fuerzas empezaron a fallar. Pero con mucha determinación logre llegar hasta la cima. Después de descansar y admirar  la belleza natural del entorno, y lista para descender se dejó caer un torrente de agua. Pero la lluvia no iba a detenerme, al menos eso creía.

Agarre un desvió para cortar camino haciendo un giro a la derecha, el viento era insoportable, las gotas pegaban a mi cara fuertemente mientras bajaba rodando por un terreno resbaladizo. Después de un par de horas la suerte se puso de mi lado y comencé a bajar la montaña como un rayo. De pronto, la rueda delantera de la bicicleta hizo contacto con una pequeña roca que pase desapercibida, y en décimas de segundos me lanzo por los aires, mientras mi cerebro registraba la imagen donde mi cuerpo se estrellaría dejándome herida e inconsciente.

Como arte de magia me desperté en un túnel a media luz. No podía hacer nada, pero sí escuchar lo que sucedía a mí alrededor, a tan solo unos pasos vi figuras con rostros cadavéricos que se quejaban grotescamente. Trate de gritar para averiguar si estaba soñando o todo aquello que me aterraba era real. Note como mi corazón se paraba, superado por el terror más absoluto. Después de un cántico tenebroso, las figuras desaparecieron. Me sentía agotada, y caí por completo dormida.

Al despertar, noté que mi cuerpo estaba frio, me levante y camine hacia una pequeña luz que se filtraba. Para mi sorpresa las figuras seguían allí, flotando en un túnel  enorme de espiral. Aterrada retrocedí, de pronto sentí que me estaba ahogando, no podía respirar ni mucho menos recuperar el control de mis actos. Quise gritar pero solamente salían quejidos espantosos, que súbitamente me llevaron a observar mi cuerpo inerte y desangrado en un quirófano. Mientras, los médicos se quitaban los guantes y las máscaras quirúrgicas, y las enfermeras retiran los tubos de mi garganta. 
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