Mara Laira - Ginoide

Después de mucho trabajo y tantos años de investigación, el ingeniero Mecatrónico al fin había realizado uno de sus máximos sueños. Días y noches extenuantes, le dieron por resultado la mayor creación de la imaginación humana. Al fin había terminado a la primera Ginoide, un robot antropomorfo con una gran inteligencia, que le llamaría Mara Laira.

El ingeniero Demiurgo había encontrado en uno de sus viajes al antiguo Egipto, ciertos platinoides que al experimentar con ellos por varios años, lo llevó a descubrir una piel artificial que a la vista y al tacto era idéntica al de los humanos. Así, fusionando la informática, electrónica y mecánica, e inspirado por su propio concepto sobre la belleza, su ideal, le dio un hermoso cuerpo de modelo, muy femenino y escultural.

En su casa de campo alejada de la espectacular ciudad de Hurlingham, observaba inquieto por la ventana en absoluto silencio, bajo el destello intermitente de una farola que, a ratos, se apagaba y encendía. La magia de la dulce melodía Speed of Sound de coldplay, lo hizo regresar a su laboratorio, se sentó tranquilamente en la butaca, y con orgullo se puso a contemplar su máxima creación. Absorto admiraba la perfección de aquel cuerpo, que llegó a ser su obsesión, pasaba horas sin dormir, incluso hasta el apetito había perdido. Tanta era la capacidad de inventiva que poseía, que lo estaba desviando de la originalidad de su gran proyecto. Por eso estaba aislado, sin apenas contacto con el mundo exterior, sin más que sus tres fieles robots llamados Flin, Fido y Fiore.

Su ambiciosa y turbada mente, no disipaba la posibilidad de crear algo más innovador, lo contrario al cyborg que es el vivo ejemplar de la transhumanidad, su afán es un androide que represente la posthumanidad, y con Mara Laira, sus intenciones estaban a un solo paso, sino fuese por dos elementos importantes que aún no daba por terminados. Demiurgo estaba locamente decidido a darle un corazón y un órgano reproductor, sin importarle los peligros involucrados en la manipulación del orden natural. Su mayor anhelo, ver correr su misma sangre por los tubos de plástico que hacían de venas y darle vida a su corazón real. Seguidamente, ser el primer hombre terrenal en experimentar la actividad sexual entre hombre y máquina, y por consiguiente engendrar híbridos humanoides.  Un plan magistral que según él,  al entregar a la perfecta Eva del futuro, revolucionaria al planeta tierra.

Mara Laira permanecía parada, el color diamantino de su cuerpo resplandecía bajo la luz enfermiza del inmenso laboratorio. El rojo luminoso de sus ojos, se encendió de repente; y con un sonido robótico preguntó - ¿Qué te pasa? -  Demiurgo se levantó rápidamente y se acercó a ella contestando: - Nada. - Y después de darle un beso en la mejilla,  dejó sus labios ahí por unos segundos antes de desconectar el circuito bio-neuronal.
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