Supersticiones - La Ouija

Este Jueves: escribir un relato en el campo de la superstición, que atribuya a una explicación mágica de dicho fenómeno. 
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Siempre fui escéptica en temas sobrenaturales, de todo aquello que no tiene explicación. Pero una curiosidad oculta y enfermiza se había apoderado de mí. Tenía la obsesión de averiguar si por medio del ritual de la Ouija podría comunicarme con mi amigo fallecido.

Mi amiga Silvina es un miembro activo de un círculo que se dedica al espiritismo. Se dio el caso que a petición mía había reservado una sesión en la noche más lóbrega y oscura del día de San Valentín. El día que llegué a la extraña casa vi a Silvina esperando afuera, y enseguida me llevó al sótano donde se encontraban ya sentadas tres chicas vestidas de negro. Me invitaron a sentarme, y me acomode en torno a la mesa redonda donde ardían varias velas, un olor a incienso y plantas aromáticas ahogaban el ambiente.

Nos tomamos de las manos, según ellas para dar paso a la relajación mental y visualizar la burbuja de luz dorada para protegernos contra las malas influencias. Después colocamos el dedo sobre la superficie del indicador sin presionar, y Silvina comenzó con la pregunta habitual.

- ¿Hola... hola, hay alguien aquí? (silencio) ¿Si alguien está presente, por favor puede decir su nombre? - continúo preguntando con más énfasis.

- No. - respondió una voz suave. La cara de Silvina mostró cierto asombro. - ¿Conoces a alguien de este lado? - procedió a preguntar.

- Sí. - fue la respuesta inmediata. - ¿Puedes decir quién? - interrogó de nuevo. Entonces el indicador empezó a moverse señalando a las letras, una por una, hasta formar la palabra: - Yessy. - De momento las llamas de las velas comenzaron a agitarse como si hubiera alguna brisa.

Una de las chicas hizo una pregunta más directa. - ¿Di entonces qué quieres? - El indicador se movió hacia las letras para formar las palabras: - “yessy, avenida lirios, edificio 1818“. - Un grado de asombro y estupefacción entre la fantasía y el realismo me dejó una sensación de desequilibrio. Pero retome fuerzas para decir:

- Explícate. - Acto seguido, ante nuestro asombro pudimos leer la última frase dictada por el tablero: - “no te mudes a ese edificio” - Entre tanto mi escepticismo perdía su valor. - !Di tu nombre o manifiéstate! - exclamó Silvina irritada.

De momento la mesa se sacudió con violencia. La tabla parecía adquirir vida propia, las palabras se unían para amenazar: - “no preguntes o te vas arrepentir” - Enseguida la silla de Silvina comenzó a levitar para después caer al piso fuertemente. Sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal, una de las chicas dijo que el espíritu se había enojado y ya no podíamos hacer más preguntas. La habitación quedó en penumbras por lo tanto se dio por terminada la sesión. Al siguiente día, pensé que la mente humana es muy sugestionable, y que la energía de nosotras eran quienes movieron el indicador al fusionarse.

Después de un año al estar en busca de nuevo apartamento, recibí una llamada de la agencia para comunicarme que tenían el apartamento justo para mí. El empleado pasó a recogerme, y al llegar para mi sorpresa el carro se estacionó en la avenida lirios y frente al edificio número 1818. De momento palidecí al recordar la experiencia y escuchar al hombre decir:

- Este es el edificio. - ¡Pero qué poca valentía, por Dios! ¡De verdad que estaba muy asustada y petrificada! Yo, la incrédula, la que no creía en nada.
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