El ABC de la Dimensión Desconocida - Maniquí de Vitrina

Nora Van Doren había nacido en el hogar perfecto, en una gran mansión y con todos los lujos que el dinero podría comprar. No tenía más familia, al menos viva y cercana, sus padres habían fallecido en un accidente aéreo. Al quedar sola, se dedicó a vivir reservada y solitaria; ni quería, ni necesitaba tener amigos. Lo único que la tenía conectada al mundo exterior era la televisión y los magazines de moda que leía con obsesión. 

Nora estaba bellísima, espléndida con su hermoso y elegante traje de noche color orquídea radiante. El eco de sus tacones rebotaba por el pasillo al dirigirse hacia la amplía y excéntrica sala, donde se refugiaba la mayor parte de su tiempo. Lugar donde pretendía ser una hermosa modelo de gran glamour. Sufría una disturbada obsesión, un trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva que la acompañó desde su adolescencia. 

Estar impecable y elegante era su terrible adiccion, una manía que alentó su madre, quien era una gran aristocrática y veneraba la apariencia. De joven le volvía loca la elegancia de los tailleurs de Coco Chanel, los vestidos de Marlene Dietrich y los peinados de Jean Harlow. 

Esa noche, las lámparas resplandecían en los inmensos cristales donde se reflejaban más de una docena de maniquíes, todos vestidos meticulosamente con los más bellos diseños y marcas. En medio estaba ella, flaca, pálida con una apariencia andrógina, con ojos expresivos desfilando con las modelos inertes, los maniquíes. 

Caminando con elegancia mientras posaba, llego hasta un enorme y viejo espejo familiar, se miró en el sonriendo de satisfacción. Luego de unos segundos, una extraña inquietud le hizo levantar la mano y acercarla hasta tocar el frío material del espejo. Con sobresalto pudo apreciar que su mismo reflejo le pedía la mano. Una luminosidad se manifestó en el espejo, era muy bella e hipnotizadora, cuando de momento se formaron unos círculos que se movían de adentro hacia afuera, y en la inverosímil y muda quietud de sus modelos maniquies, unas fuertes ondas eclipsaron en sus ojos, dejándola confusa en una refulgente bola de cristal. 

Al reaccionar se dio por enterada que se encontraba en un escaparate de exhibición en una famosa tienda de ropa. Su pose idónea quedo perfecta, y sus ojos centelleantes como dos joyas preciosas. Sus músculos no respondían,  solamente podía observar y escuchar a la cantidad de ofuscados compradores que buscaban ávidamente las ofertas navideñas. 

El ama de llaves llegó a la hora señalada para el té, que solo escucho el débil sonido musical de Beethoven; abrió la puerta y permaneció en silencio, mientras su mirada se adaptaba a la oscuridad que reinaba. Al encender las lámparas, se dirigió hacia ella, encontrando el cuerpo de Nora sin vida, fenecido, con los ojos abiertos resplandecientes sobre su elegante sofá de satín negro y plateado. Nora Van Doren encontró la dimensión perfecta, donde todo es posible en el reino de la imaginación. Su impulsiva obsesión por modelar la había realizado en el ABC de la Dimensión Desconocida. 
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