Hablemos del silencio - Memento Mori

Y allí estaba Melanie en una habitación donde lo único que resonaba eran las agujas del reloj y su pesada respiración. Contemplaba el anillo en su mano por enésima vez bajo la mortecina luz de la chimenea. Luz que pareciera empeñada en alumbrar los frágiles momentos que le estaban tocando vivir. 

Seguramente por su mente desfilaron imágenes de profunda tristeza. Me lo demostraba ese estado tranquilizante y analgésico que la transformaba. No les puedo negar que siempre me ponia nervioso, muy nervioso. Aunque estoy acostumbrado a escuchar sus confesiones, acompañarla en su mundo errático, y en sus noches líquidas donde corre a refugiarse. Una tarde Melanie levantó la copa hasta la altura de los ojos y miró a través del vidrio que contenía la mitad del vino. - ¿Y tú, crees que vendrá a buscarme? - pregunto su duda. 


Yo no dije nada, me dedique a permanecer como un buen espectador ante aquella patética incógnita. Solamente un suspiro nostálgico se escapó de mí, mientras sus manos tomaban la copa de vino tinto que sus labios buscaban ansiosos. Mi olfato se hizo tan adicto a la intensidad aromática que sus labios emanaban cada noche. Esos aromas a flores de espino blanco del Chardonnay y el de violetas de Pinot Noir. Por muchos años he inhalado esos aromas que me vuelven loco, que me hacen desearla y amarla. Pero aun así, me es imposible calmar el dolor que estrangula su alma, y borrar el tiempo que retuercen sus angustias. 

- Necesito embriagarme para vomitar todas las promesas falsas. Te lo he dicho miles de veces, estoy amargada. Y si no crees, mírame, soy muy infeliz, escuchas, infe liz. !Mal rayo parta! - 

Y así comenzó el conteo de los últimos instantes de su existencia, entre copas y lamentos que tristemente se desvanecían en el aire. Una pequeña sonrisa de dolor se dibujó en sus labios y pude percibir un destello en sus ojos, que me pareció un llamado de auxilio. Su papel de víctima enamorada le atrapaba como camisa de fuerza. Ella ansiaba tanto una palabra que no viniera del azar, sino de cariño. Estaba falta del abrazo íntimo, y de apoyo incondicional. Después de varias botellas, observé su cuerpo delgado, frágil, que parecía desplomarse. Con esfuerzo logró sentarse en el amplio sofá frente a la chimenea donde solían sentarse juntos, a su izquierda la mesita donde aún permanecían inmortalizadas las últimas flores, ya secas sin color. Un par de lágrimas salieron de sus pupilas; mientras giraba el tambor del revólver, después alzó el cañón, y apuntando fríamente sobre la sien, sin prisa, apretó el gatillo. Mala suerte para ella, sólo un fuerte chasquido emanó del cañón. La ruleta rusa a quien ella le había designado solucionar su problema, fallo por segunda vez. 

- !Maldita sea! ¿Qué diablos pasa? ...  !No llores! te prometo que la tercera vez no te escaparás... lo prometo. - 
Término diciendo al su cuerpo ir sucumbiendo ante la embriaguez etílica. ¿Qué poder humano podría descifrar los motivos, que lleven a una persona poner fin a su vida con sus propias manos? !No puedo ayudarla! Carezco de palabras y su técnica, solo soy oídos entre la borrachera ajena, la soledad y la tristeza. Eso sí, tengo un detalle muy peculiar que es: Ser un buen oyente. 
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