Hablemos del silencio - Memento Mori

Este jueves: escribir sobre el silencio del susurro escondido tras esa botella de vino que saca palabras del interior nunca dichas. Entrar aquí apara leer los relatos de mis compañeros.


Allí estaba Melanie en una habitación donde lo único que resonaron fueron las agujas del reloj y su pesada respiración. Contempló el anillo en su mano por enésima vez, bajo la mortecina luz de la chimenea. Luz que pareciera empeñada en alumbrar los frágiles momentos que le  tocaron vivir.

Por su mente desfilaron imágenes de profunda tristeza. Me lo demostró ese estado tranquilizante y analgésico que la transformaba. No les puedo negar que siempre me puso nervioso, muy nervioso; a pesar que, estaba acostumbrado a escuchar sus confesiones, acompañarla en su mundo errático, en sus noches líquidas donde sabía refugiarse.

Una tarde, Melanie levantó la copa hasta la altura de los ojos y miró a través del vidrio que contenía la mitad del vino.

- ¿Y tú, crees que vendrá a buscarme? - preguntó su duda.

No dije nada, me dedique a permanecer como un buen espectador ante aquella patética incógnita. Solamente un suspiro nostálgico se escapó de mí, mientras sus manos tomaban la copa de vino tinto que sus labios buscaban ansiosos. Mi olfato se hizo adicto a la intensidad aromática que emanaba su boca cada noche; esos aromas a flores de espino blanco del Chardonnay y el de violetas de Pinot Noir. Sin embargo, me fue imposible ayudarla a calmar el dolor que hizo agonizar su alma, y borrar el tiempo que retorcieron sus angustias.

- Necesito embriagarme para vomitar todas las promesas falsas. Te lo he dicho miles de veces, estoy amargada. Y si no crees, mírame, soy muy infeliz, escuchas ... infe ... liz. !Mal rayo parta! -

Así comenzó el conteo de los últimos instantes de su existencia, entre copas y lamentos que tristemente se desvanecieron en el aire. Una pequeña sonrisa de dolor se dibujó en sus labios y pude percibir un destello en sus ojos, que me pareció un llamado de auxilio. Su papel de víctima enamorada le atrapó como camisa de fuerza. Estaba falta del abrazo íntimo, y de apoyo incondicional. Después de varias botellas, observé su cuerpo delgado, frágil, que parecía desplomarse.

Con esfuerzo logró sentarse en el amplio sofá frente a la chimenea donde solían sentarse juntos, a su izquierda la mesita donde aún permanecían inmortalizadas las últimas flores, ya secas sin color. Un par de lágrimas salieron de sus pupilas; mientras giraba el tambor del revólver, después alzó el cañón, y apuntando fríamente sobre la sien, sin prisa, apretó el gatillo. Mala suerte para ella, sólo un fuerte chasquido salió del cañón. La ruleta rusa a quien ella le había designado solucionar su problema, falló por segunda vez.

- !Maldita sea! ¿Qué diablos pasa? ...  !No llores! te prometo que la tercera vez no te escaparás... lo prometo. - murmuró, cuando fue sucumbiendo ante la embriaguez etílica.

!No pude ayudarla! Carezco de palabras y su técnica, solo soy oídos entre la borrachera ajena, la soledad y la tristeza. Eso sí, lo único peculiar que pude hacer es: acompañarla y ser un buen oyente.

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