Leyendas de mi tierra - El Samurái de Shonai

Y el relato cuenta, que en una ciudad al noreste de Tokio...
El Samurái Akasawa se pasea por aquel mágico y misterioso palacio, protegido por enormes espejos cóncavos y convexos de puro cristal. Al bajar por las escaleras durante el trayecto, súbitamente una fuerte ventisca de aire caliente invade su cuerpo.

Con aspecto preocupante apresura el paso por la escalera de caracol. Pero a mitad del descenso se queda atónito mirando a su amada Geisha que sube los peldaños apresurada.

- ¿Mizuki-san, que haces aquí a estas horas de la noche? - pregunta alegrándose de verle. Sin decir nada, la chica sonríe, y echándose atrás su sedosa y luminosa cabellera, lo besa con apasionada efusión. Pero la mirada de asombro incesante parece disturbarla.

- ¿Qué te pasa, sucede algo? - preguntó intrigada.  

- ¿Cómo tuviste acceso al atrio principal? - ella le dio la espalda y siguió por la curva de la escalera y añadió.
- ¿Será posible. Tienes tan mala memoria? - Aunque quedó ligeramente perturbado por la contestación, no pudo evitar trastornarse por su belleza y prosiguió tras ella hasta la sección oeste, lugar donde se resguarda el Prismakan. La hermosa Geisha sabía que dentro de esas ocho caras vidriadas está el cuarto ojo de la deidad que controla el tiempo y el espacio. 

Una sacudida intensa descontrola la temperatura corporal del Samurái. La tensión es evidente, su cuerpo se baña en sudor, y comienza a sentirse desequilibrado, un poder infrahumano parece estar manipulando sus emociones. Enseguida quiso reaccionar y templando al máximo sus nervios realizó que las escaleras se han invertido sellando las salidas al exterior.

- ¡Los espejos se han distorsionado! - exclamó aturdido.

- !Espera, necesito activar el Prisma de cristal! - grita, agarrando por el brazo ha Mizuki-san. Ella, frívola y calculadora se detiene frente a él observando sus expresiones.

- ¿Adónde crees que vas? - pregunta, con malévola sonrisa. Quedándose perplejo, no comprende su reacción.

Sin poder creerlo ante sus ojos, la bella Misuki-san se torna en un abominable Oni de mirada feroz, sus labios carmesí se abren lanzando un rugido con llamas que parecía tener la fuerza de un huracán, el cual comienza a despedazar los peldaños del gran palacio. Un calor sofocante que huele a azufre, se desplaza a su alrededor, sus fosas nasales respiran el inminente vapor ígneo. ¡Se ahoga, y jadea buscando aire! Una súcubo verde revolotea entre las llamas, y con sus ojos rojos dispara una ráfaga de rayos chakra sobre el Prismakai. Pero enseguida, miles de arañas espejos salen cambiando sus brillos y tamaños al ser estremecidas, y formando una malla logran detener las descargas ultravioletas.  

Las incontrolables llamas mantienen despierto el aturdimiento de Akasawa, sus ojos observan como la luna blanca se distorsiona lentamente a través de una tormenta de fuego y cenizas. Al llegar a ese punto crítico, sabe que está próximo a llegar al inframundo, y si no logra derrotar al Oni mayor, su objetivo será alimentarse de la vibración bioenergética del cuerpo etéreo de la humanidad, y con eso conseguir el mega-poder de unir la luz y las tinieblas.   
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