Robos - Robo Gótico de Niños

Dafne tenía la certeza de estar experimentando vivencias en realidades paralelas. Llevaba meses sufriendo un cambio, un tipo de evolución.  Su esencia, su misma alma estaba viviendo otras circunstancias, donde se involucraba en escenas escalofriantes. 

Por un lado, su vida es rutinaria,  sus días transcurren entre su trabajo y las horas que dedica a dar lecciones de violín. Y por el otro, una nueva dimensión donde se enfrenta a los aspectos más sórdidos que pueda aguantar el alma humana. En sus múltiples y escalofriantes sueños Dafne siempre se identifica con la imagen de un demonio femenino llamado Algola. Una clase de necrófagos que habitan en lugares inhóspitos  en donde se encuentran cadáveres recién asesinados, o en cementerios. 


La noche expandía una escalofriante luz de luna, que la hacía despertar anhelosa de sangre, con la ansiedad extrema de devorar carne muerta. Tenía que darse prisa, su apetito era voraz y no quería roer partes de su propio cuerpo. Apareció en un pequeño pueblo, cerca de un cementerio y comenzó a oler las tumbas recientes sin poder encontrar lo que buscaba. Algola no era cualquier demonio, poseía la gran peculiaridad de alimentarse solamente con carne recien muerta de niños. Necesitaba aproximarse a una víctima sin despertar sospechas. Se acercó a las inmediaciones de una casa con luces en su interior. Los ojos enrojecidos de Algola se habían clavado en una pequeña que se balanceaba en el columpio del patio. 

Con rapidez asombrosa la agarro y desapareció con ella entre las espesas malezas de la montaña. Mientras tanto de su boca desproporcionada asomaban sus grandes fauces y afilados dientes para asesinar su presa. En ese preciso momento, el velo de una oscuridad cayó sobre ella y sus ojos fueron atraídos  por una sombra que giraba veloz a su alrededor. El demonio comenzó a aullar salvajemente, sin soltar la presa entre sus garras. Los pies de un vampiro aparecieron posándose sobre el suelo, mientras sus alas se cerraban produciendo una fuerte brisa. En segundos la domino controlando su voluntad, y le ordeno que dejara en libertad a la pequeña. Después el vampiro meneando la cabeza se acercó al cuello de Algola, para oler la esencia nauseabunda que liberaba su cuerpo. La miro con sus ojos brillantes y la respiración agitada. Paso la lengua por sus labios como si estuviera saboreando lo que vendría a continuación. Aunque su poderoso dilema no le dejase decidir si hacerla su alimento o convertirla en su sirvienta - amante.
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