La niñez: Un día de pesca con mi abuelo

Este jueves: escribir un relato regresando hacia atrás el tiempo con anécdotas de nuestra niñez. Más relatos aqui

Érase una fresca mañana de verano, en la que el sol brillaba con intensidad. Nos levantamos temprano, preparamos las cañas de pescar, los anzuelos y salimos de pesca. Había un lago no muy lejos de la granja, rodeado por verdes arbustos, árboles de roble, y de eucalipto que despedían un olor a pastillas de mentol. 

- Recuerda, las cañas son capaces de hacer volar la línea con eficacia si dominas los vientos. - me decía el abuelo Karu, mientras nos acercabamos a las orillas del lago.  
-¿Abuelo, los peces sienten dolor cuando muerden el anzuelo? - le pregunté, mientras caminaba sobre las piedras despacio, con cautela. 

- Probablemente, ya que son muy sensitivos. - respondió.

Después de algunas lanzadas, nos quedamos esperando que algún pez picara el anzuelo. Entre tanto, me contaba historias de cuando su padre fue un gran soldado Samurai. En menos de dos horas sentí que mi caña se doblaba. 

- !Lo tengo! !Lo tengo, abuelo! - grite mientras enrollaba la línea en el carrete. Era algo pesado, no podía seguir enrollando y la caña no resistía. Abuelo agarró mis manos y me ayudó a jalar hacia la orilla, entonces vi saltar una trucha de casi tres kilos. 

- !Shinji raremasen! - exclamó sonriendo. Al pasar de las horas, me acosté sobre una alfombra de trébol bajo un enorme árbol. Con ojos soñolientos vi al abuelo seguir pescando. 

- No te duermas. - escuche decir a lo lejos.
<< !Sal del agua! !Corre! - exclamó él Sōsofu, al escuchar unas ramas quebrarse por entre los arbustos. Dio unos pasos hacia atrás y cogió la espada tachi. Con señas me indicó que corriera hasta los árboles, yo temblando, hice caso omiso y me oculté detrás de un viejo álamo. En segundos, un enorme oso hambriento saltó detrás de unos enormes islotes de piedra. Sin darle tiempo a reaccionar el oso corrió veloz hacia él descargando su filosa zarpa, y en un zas razgo su hombro izquierdo. Sōsofu se movió un milímetro, y con mucha astucia dio un salto sobre las rocas para nivelar la diferencia de estatura. Al tiempo que se giraba, levantó la espada que atravesó el pecho del enfurecido animal. Un rugido salvaje y profundo se dejó escuchar... >>
!Yuny kan, despierta! - Es hora de regresar. - dijo, sacudiendo levemente. Al despertarme le dije: - Abuelo soñe con Sōsofu, fue toda una gran aventura. ¿Quieres que te cuente? - él me miró emocionado. 

Shinji raremasen - Tienes suerte. - Sōsofu - Bisabuelo 
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