Los colores de nuestro silencio - Reacciones ocultas

Este jueves: crear un relato sobre los mensajes secretos detrás del color. 
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Kiara era una adolescente de carácter alegre, de energía contagiante. Responsable y muy asertiva. Sin embargo, después de un fin de semana en Venecia con sus padres se produce un cambio radical; su vida, hasta entonces tan perfectamente organizada fue alterada hasta que un acto de violencia interrumpe su proceso.

Antes de retornar a sus clases se corta el cabello, y su mirada refulgente se transforma mustia. Para recompensar su esencia perdida, una noche caminando solitaria por la alameda, decide canalizar sus estados de ánimo por medio del lado negativo de los colores.

El primer dia de clases se levanta más intranquila que de costumbre. Por lo tanto decide pintarse varios mechones de violeta, mostrando así su antipatía. A pocas horas que comenzará la jornada educativa, la típica bromista del curso enfoca sus bromas pesadas en Kiara. Una circunstancia que le lleva a una suspensión de tres días por romperle la nariz a la causante del acoso.    

Al estar en casa, al comienzo, apenas le dirigía la palabra a su madre. Una tarde, irritada por el incidente la enfrenta para reprenderla con sus gritos de ira. - !Por tu culpa! - repite una y mil veces. Kiara enfurecida la deja hablando sola y va encerrarse a su habitación. Se mira al espejo y del tarro de cristal saca el tinte rojo. Necesita sacar al exterior el odio, la rebelión y la violencia a través de las flamas rojizas. Luego, sale de su casa dando un portazo, desapareciendo por la ancha avenida. Tan pronto entra al parque le cae un tipo por atrás, la agarra del cuello. En el forcejeo saca su spray de pimienta y le riega la cara, instantes que aprovecha para aniquilarlo con una patada alta y rodillazo de jiu jitsu en el plexo solar.

Era otro lunes por la mañana. Kiara abre con pereza los ojos, se despierta bruscamente y se apoya en los codos. Tiene que ir al colegio o tendría que batallar con la madre. Por una extraña razón se sentia triste con deseos de llorar. Por lo cual, pintó sus cabellos con el color de la apatía y melancolía: el celeste.

Durante el receso, Kiara fue la primera en abandonar el aula. Camino hasta el área de juegos y fue hasta un árbol gigante. Sin darse cuenta tras el se encontraba un chico alto, pálido, pulcro con su uniforme. Sorprendida y sin mostrar emoción, admira  aquel pelo en capas con flequillo y teñido del soberbio celeste. El chico advierte su estado de ánimo. Ella lo percibe de la misma manera con una sonrisa de complicidad.
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