Dasha Volkova 2:

La capitana Dasha Volkova y sus cadetes han caído en manos de la reptiliana Mäkora. Está atrapada en un planeta invadido por unos alienígenas Draconianos que quieren robar la magia de las criaturas místicas.


Al cabo de unos instantes, su mirada se posa en los monitores, microscopios, máquinas de ensayo, y tubos que resplandecen luces de colores. Se queda fascinada con aquellas imágenes. Reflejos lumínicos dan vida a figuras de alguna manera reconocibles. Arriba, entre madejas de finísimos cables que caen al suelo como plantas de tallos péndulos, pequeñitos trolles bermellónes con las orejas afelpadas y puntiagudas la observaban detenidamente.


Un reflejo, desde el ventanal cristalino, la hace poner en alerta. Iba a dar un paso, cuando aparece frente a ella la figura de una hada cósmica, de cabellos color turquesa, y sostenida en lo alto por sus alas sucias y quebradizas.


—¡Cielos! ¿Y tú quién eres? — pregunta Volkova, visiblemente sorprendida. 

—Soy Rhône. La princesa hada mayor, hija del rey Qazrâm y guardiana de las criaturas mágicas del exoverso feérico.


—¡Vaya, nunca había visto de cerca una criatura tan fantástica! y yo que pensaba que mi suerte era adversa. —dice en tono de broma — Parece que también estás en problemas.


—Así es. Pero logré escapar con otros híbridos, gracias a la ayuda de las Libélulas Morfas y sus parientes, que aún están ocultos en el laberinto de la cueva Rosetta.


—¿Qué clase de planeta es este? y ¿quien es Mäkora? —indaga la capitana.

La princesa hada se da la vuelta, mirando el horizonte a través del enorme cristal y le cuenta la historia.


—El nombre de este hermoso planeta es L'Oreal. Un gigante de azul metálico y luminosidad ultravioleta, situado justo en el borde de una mega burbuja que se expande en una quinta dimensión. Este es el mundo de todas las criaturas mágicas. Un día llegaron los Alfa draconianos. Venían en naves oscilantes desde la constelación del dragón. Los lideraba la temible lagartija Mäkora.Tiene su base de operaciones y su gente en una de las tres montañas sagradas del T'Naga. Ella quería que mis padres le entreguen el cetro de la magia interdimensional de los espíritus puros de la naturaleza. Pero no cedieron. Razón por la cual, ahora son prisioneros en una cápsula de hibernación y los féeros víctimas de sus terribles experimentos.


—¿De veras? Oí de mi padre leyendas mágicas de este sitio. Nunca le creí. Tontería para los incrédulos.

—¿Nos ayudarás? — susurra la vocecita chillona.


Volkova observa a la joven princesa, jamas habia visto un rostro tan bello y angelical, como el de Rhône. Sin embargo, la angustia y preocupación marcadas en su bello rostro, no pasan desapercibidas. Ella se siente mal, desea ayudarla, pero su mente se concentra en una sola cosa: rescatar a sus oficiales. Una expresión de curiosidad surge en sus ojos mientras inspecciona la pared holográfica de imágenes y datos que flotan delante de ella.


—Primero debo localizar una señal —dice  —, si no, nuestras posibilidades de salir de este planeta son cero. Necesito conseguir un haz de energía Você para impulsar cargas a través del espacio, y que la Fuerza Espacial Intergaláctica capte mi código de señal.


—Será difícil. La magnetósfera del planeta está desconfigurada. Tienes que esperar que las líneas de fuerza magnéticas convergen y se reconfiguren. Eso sucede cada ocho horas.


—¡Demonios! la pantalla muestra diez guardias delante de mí. — dice alarmada.


—Son centinelas robots. Son naves autónomas que patrullan los sectores en busca de alarmas e intrusos, —expone, —Debes neutralizarlas o transmitirán una alerta y pronto estarás rodeada por una docena de antropoides.


En ese instante, ellas escuchan unos pasos que se detienen a la entrada del recinto.

—Volveré más tarde. — dice el hada, y desaparece tras la cadena de largos tubos cilíndricos.


De repente, unas puertas situadas a tres metros se abren para dar paso a una orquidácea mutante que observa con desagrado a Volkova.


—¡Eh, ven aquí, ven aquí! —le grita a Volkova, —Estas son para tus experimentos.


Tras ella, dos Escorpiones biotrónicos traen a dos criaturas mágicas. Una asustadiza sílfide ataviada con sedas verdes desgarradas cae al piso de rodillas. La dríada de ojos pardos trata de levantarla, pero es detenida de un latigazo por la mutante. Luego los guardias salen de la estancia con paso firme.


Rhône preocupada sale del escondite y corre hacia ellas.


—Aglaïs, ¡Por fin te veo! — exclama, emocionada. 

—Llegué a creer en que jamás te volvería a ver. — contesta ella, en voz baja. 

—¿Dónde están Fëanor y los Orkos? — pregunta el hada.


—Están escondidos en el canón de Snake. Tuvieron que reubicarse, la fortaleza donde estaban fue destruida por los soldados de Mäkora y se llevaron en cadenas a los que atraparon. Lo vi todo desde la cima de un peñasco.


—¿Has visto a dos oficiales intergalácticos? — interroga, Volkova. 

—Sí, los he visto. Están en el pabellón 9UM84AN07S. 

—¡Dasha, tienes que ayudarlas! Antes que Mäkora implante su gene REPT47 en sus cuerpos. 

—¡Maldición! —exclama llena de ira, — ¿Hay alguna otra forma de salir de aquí? ¿Puedes usar tu magia?

—No tenemos una gota de magia en el cuerpo. Está inutilizada. — responde. 


La capitana observa los tobillos de la dríada, delicados y esbeltos sin ningún rasguño sobre sus sandalias limpias. Ella, por su naturaleza, desconfía de todo, y esta historia no la convence. «¿Será posible que sea una aliada del enemigo?» piensa.



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 ¡Gracias por leer! ¡Nos vemos en la siguiente entrada! 

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