Crónicas de Serendipity


Cuevas de Osbrück, Serendipity


Börte se enfundó con más fuerza en el abrigo e inspeccionó los callejones de las cuevas detenidamente. Había algunos antiguos faroles colgando, con una tenue luz naranja y amarillenta esforzándose débilmente por hacer frente a la oscuridad fría y húmeda. Al llegar al círculo de la hoguera, se encontro con Überiem, el druida mayor que descansaba recostado mientras sostenía, frente a sus ojos, una runa de cristal curva y dentada.


—¿Me llamaste? —le preguntó. 

—Ya he decidido quién será el guerrero real y líder para esta misión. —dijo Überiem.

— ¿En quién has pensado? 

—Usküdar. Es un joven feroz y valiente. — respondió.


Börte lanzó una mirada asesina a aquel druida de ojos lánguidos. «Maldita sea, viejo testarudo» murmuró entre dientes. —¿Por qué eliges al elfo mandrágora? Él no es de nuestra raza. —espetó acaloradamente. ¡Esta es también mi guerra!.


Überiem frunció el entrecejo y una leve arruga surcó su frente. 

—¡Por diversas razones! — replicó. — Es un guerrero del clan de los elfos Mandrake, rápido de pensamiento, domina diversos lenguajes. Está decidido. También le daré a los gemelos Garth y Zarth para esa larga travesía. — concluyó.


—¿Qué? —espetó sin pensar —. ¿Por qué? ¡Maldita sea, esta es una locura! 

—¡Silencio! —Masculló —.Y no utilices esas expresiones. Ya sabes que no puedo soportarlas.


Los trinitarios lo tenían claro. Börte era valiente, con óptimas condiciones físicas, pero lamentablemente, carecía de sabiduría, su temperamento explosivo y egocéntrico, le permitía ser solo un simple guerrero de campo abierto, era como un animal que vivia solo para pelear. Sin embargo, lo necesitaba para elevar la moral del ejército. La lucha venidera estaba a punto de acontecer, le esperaba una larga batalla, para demostrar si podía pertenecer a la elite de guerreros Serendipitianos. Aunque en realidad, lo que ahora le importaba era la ayuda que cualquier alianza le ofreciera. Porque no había nada mejor que lograr cualquier recurso que pudieran aprovechar. La oscuridad se acercaba y todos debían hacer frente a ella tarde o temprano.


Tres días después.


Los elegidos recibieron el baño mágico de los olivos, para que la explosión gélida que azotaba, no afectará la temperatura de sus cuerpos. Terminado el ritual, los tres se incorporaron lentamente del círculo Triquel, que luego, marcó sus cuerpos con bucles, trenzados y anudados como símbolos protectores. El viejo Überiem levantó el dedo índice y lanzó una bola élfica al brazo derecho de Usküdar, donde apareció la Libélula Flamígera  que lo guiaría. El elfo guerrero hizo una profunda reverencia y permaneció con la cabeza inclinada. Su cabello negro entrelazado con pequeñas perlas turquesa caían a los lados de su rostro pálido.


—Por la mañana partirán hacia el Monte Helicón, y buscarán las cavernas de Kraków. Allí encontrarán a la Dragona Frëayū en su guarida subterránea. Desafortunadamente, entre una multitud de grotescas Komadrējas y esqueletos humanos, encontrarás un Dragón sangriento llamado Kalfor. Mátalo, mientras los gemelos se encargan de las otras bestias. Cuando éste muera, Frëayū caerá en un profundo sueño - temporalmente - es entonces, cuando recojerás las lágrimas que derrama cuando duerme. Si logras conseguir ocho de esa gotas purpuras, podremos eliminar el encantamiento negro que Antártika lanzo a la princesa Ivonnè y Sir Velhagen.


—¡Así será, mi señor! —exclamó, el osado elfo indómito, mientras hacía la usual reverencia.


Partieron al alba del día siguiente, las doncellas los despidieron lanzándoles listones de colores, los guerreros con rápidos apretones de mano y frases triviales; a la salida de la caverna, el gélido viento les echó la cabellera hacia atrás y agitaron el cuero de mamut que cubrían sus cuerpos; hincaron las espuelas al caballo y corrieron veloces como saetas. Sin mirar hacia atrás, galoparon todo el día hasta el anochecer y rara vez se detuvieron. Rápidos y resistentes eran los corceles, pero el camino era largo; treinta leguas o quizá más, les faltaba por llegar.


***

Después de varios días y noches a caballo, necesitaban refugiarse y descansar. Los caballos estaban agotados ya no podían dar un paso más, sin recargarse de la energía álmica de los Trinis Kildare. Al seguir el sendero guiado por su Libélula, Usküdar decidio parar su sigilosa marcha. Vamos a descansar. anunció. Unos metros más allá, divisó una cueva glaciar donde decidió que pasarían la noche. Se detuvieron ante aquél agujero frío y húmedo. Ellos desmontaron é hicieron entrar á los caballos llevándolos de la brida hasta el otro extremo. Mientras Garth se ocupaba de buscar hojarascas para la fogata, Zarth quitó las sillas y las alforjas. Usküdar escudriñó las sombras en busca de señales de movimiento. Luego, tomó asiento y desabrochó la hebilla de la vaina de su espada y la colocó en un lugar donde podía alcanzarla fácilmente. Las hojas ardieron en un mosaico de chispas.


En ese instante se escuchó un aullido, muy cerca.

¿Qué clase de criatura puede ser? dijeron los gemelos casi al unísono.

Pueden ser Harpías, lobos o Quimeras. contestó Usküdar en una voz más baja.

Ojalá ese maldito lobo se arme de valor y no tarde en atacarnos. De lo contrario no podré dormir tranquilo. - comentó Garth. 

Si es un lobo, lo siento moverse entre las rocas. Tiene hambre, pero por ahora prefiere esperar a que llegue el momento propicio. replicó, Zarth.

Haremos turnos de guardia.

De acuerdo. respondió el gemelo pelirrojo. 

Usküdar, platícanos sobre la dragona Frëayū y de los monstruos que mencionaste. - dijo Garth.


Frëayū fue la séptima hija de Morgantus, el dios mayor de la oscuridad y de Medusa, la única mujer mortal de las tres gárgolas. Se dice que Frëayū salió  más poderosa que su padre, en un tiempo fue dueña de las densas nieblas de oscuridad que rodean los bordes del mundo. Tenía guardianes teriomorfos, o sea que, compartían rasgos humanos y rasgos de otros animales. Pero sus hermanas, incluyendo su madre, se confabularon para quitarle sus poderes. Un día le tendieron una trampa...


Justo en el momento más interesante de la narración, los gemelos cayeron rendidos de sueño. Usküdar se quedó mirando fijamente las sombras que bailaban y se tejían alrededor de las llamas anaranjadas y amarillas. De repente sintió una brisa gélida, causando que la llama de la fogata titubeara y soltara humo. La temperatura del lugar descendió.


El guerrero elfo se incorporó de un salto, y con espada en mano trató de dar con aquella voz.



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