Crónicas de Serendipity

Usküdar

Cuevas de Osbrück, Baviera


Börte se envolvió con más fuerza en el abrigo e inspeccionó los callejones de las cuevas detenidamente. Había algunos antiguos faroles colgando, con una tenue luz naranja y amarillenta esforzándose débilmente por hacer frente a la oscuridad fría y húmeda. Al llegar al círculo de la hoguera, Überiem, el viejo mayor descansaba recostado mientras sostenía, frente a sus ojos, una runa de cristal curva y dentada.


- Buscaremos voluntarios para el viaje, y vamos a elegir quien será el líder de esta misión. Ya tengo en mente quién será. - dijo Überiem.


- ¿En quién has pensado? -

- Usküdar. Es un joven feroz y valiente. - respondió.

- ¿Por qué eliges al elfo rosáceo? Él no es de nuestra raza.  -  dijó Börte.


Las arrugas del anciano formaron otra al fruncir el entrecejo.


- ¡Por diversas razones! - replicó, - Es un guerrero del clan de los Elfos mandrágoras, rápido de pensamiento, domina diversos lenguajes. Está decidido. También le daré a los gemelos Garth y Zarth para esa larga travesía. - concluyó.


Al día siguiente, los elegidos recibieron el baño mágico de los olivos, como protección para que la explosión gélida que azotaba, no afectará la temperatura de sus cuerpos. Terminado el ritual, los tres se incorporaron lentamente del círculo en el suelo. El viejo Überiem levantó el dedo índice y lanzó una bola élfica al brazo derecho de Usküdar, donde apareció la Libélula Flamígera que lo guiaría. El elfo rosáceo hizo una profunda reverencia y permaneció con la cabeza inclinada. Su largo cabello negro entrelazado con pequeñas perlas turquesa caían a los lados de su rostro pálido.


- Por la mañana partirán hacia el Monte Helicón, y buscarán las cavernas de Kraków. Allí desafiaran a la diosa Ninatta en su reino subterráneo, para conseguir el cuerno púrpura del unicornio Lunar. Su poder estelar nos puede ayudar a maniobrar la magia de Antártika.


- ¡Así será, mi señor! - exclamó, el osado elfo indómito, mientras hacía la usual reverencia.


Partieron al alba del día siguiente, las doncellas los despidieron lanzándoles listones de colores. Con un inusitado silencio ondeaban las manos para decir adiós. El gélido viento les echó la cabellera hacia atrás y agitaron el cuero de mamut que cubrían sus cuerpos; hincaron las espuelas al caballo y partieron veloces como saetas. Sin mirar hacia atrás, galoparon todo el día hasta el anochecer y rara vez se detuvieron. Rápidos y resistentes eran los corceles, pero el camino era largo; cincuenta leguas o quizá más, les faltaba por llegar.



Después de dos días y dos noches a caballo, necesitaron refugiarse y descansar. Los caballos estaban agotados ya no podían dar un paso más, sin recargarse de la energía álmica de los Trinis mayores. Al seguir el sendero guiado por su Libélula , Usküdar detuvo su sigilosa marcha, en frente suyo se encontraron rastros de el paso de grandes criaturas, la nieve era blanda y las pisadas profundas, huellas enormes en tamaño y profundidad marcaban un camino hacia el Oeste.


- ¿Que clase de criaturas pueden ser? - dijeron los gemelos casi al unísono.

- Pueden ser Harpías o Quimeras. - contestó Usküdar en una voz más baja.

- Debemos continuar - añadió Garth, mientras reanudaba la marcha.


- ¡Detente! - dijo el joven elfo con autoridad. - No sabemos lo que nos espera, debemos descansar. - concluyó, mientras divisó una cueva glaciar donde decidió que pasarían la noche. 


Se detuvieron ante aquél agujero frío y húmedo. Ellos desmontaron é hicieron entrar á los caballos llevándolos de la brida hasta el otro extremo. Mientras Garth se ocupaba de buscar hojarascas para la fogata, Zarth quitó las sillas y las alforjas. Usküdar escudriñó las sombras en busca de señales de movimiento. Luego, tomó asiento y desabrochó la hebilla de la vaina de su espada y la colocó en un lugar donde podía alcanzarla fácilmente. Las hojas prendieron bajo una lluvia de chispas y comenzaron a arder. 


En ese instante se escuchó un aullido, muy cerca. 


- Ojalá ese maldito lobo se arme de valor y no tarde en atacarnos. De lo contrario no podré dormir tranquilo. - comentó Garth. - Lleva acechándonos todo el día. 


-Lo siento moverse entre las rocas. Tiene hambre, pero por ahora prefiere esperar a que llegue el momento propicio. - replicó, Zarth.


-Haremos turnos de guardia. Si me echo a dormir un rato será porque lo necesito.

-De acuerdo. - respondió el gemelo pelirrojo. 


-Usküdar, platícanos sobre la hechicera Ninatta y de los guardianes que nos mencionaste. - dijo Garth.


-Ninatta fue la séptima hija de Morgantus, el dios mayor de la oscuridad y de Medusa, la única mujer mortal de las tres gárgolas. Se dice que Ninatta es más poderosa que su padre, es dueña de las densas nieblas de oscuridad que rodean los bordes del mundo. Sus guardianes son teriomorfos, o sea que, comparten rasgos humanos y rasgos de otros animales.


-Me temo que lo que nos espera no es nada agradable. - dijo el rubio, bostezando. Luego ambos se tumbaron boca arriba sobre sus mantas, mientras el elfo rosáceo se quedó mirando fijamente las sombras que bailaban y se tejían alrededor de las llamas anaranjadas y amarillas. 


Otros ojos muy atentos vigilaban la escena con gran interés. Una gárgola de tez pálida, inexpresiva, y mirada glacial; esperaba pacientemente.


En ese momento se sintió una brisa gélida, causando que la llama de la fogata titubeara y soltara humo. En pocos segundos, la temperatura del lugar descendió. De la oscuridad inferior se elevó una voz desagradable que exclamó: ―¡Jinetes!


Usküdar se incorporó de un salto, y con espada en mano trató de dar con aquella voz.


―¡Muéstrate! ― gritó el elfo. La tranquilidad en su voz la sorprendió, se dio cuenta de que no sentía ni una pizca de miedo.


Pero un escalofrío recorrió la espalda de Usküdar. 



Prólogo  I  II  III IV V VI VII VIII IX X XI XII XIII


Comments

ÚLTIMAS RESEÑAS