Imagenes Demiúrgicas: Dafne Kan

Este jueves: El Demiurgo de Hurlingham nos propone escribir un relato inspirándose en uno de sus dibujos o imágenes. Más relatos aqui 

Dafne Kan comenzó a caminar por uno de los extraños túneles del viejo monasterio en ruinas, hasta llegar a unas escaleras espirales. Miro atrás suyo para asegurarse que nadie la estaba siguiendo, pero cuando estaba a punto de bajar, escuchó una voz con acento francés por los pilares de mármol. 

- !No te muevas! Dame el grimorio púrpura. - dijo amenazante. 

- !Jean Carlo! - exclamó sorprendida, al momento que saco su daga. 

Sin dar tiempo a reaccionar, el tipo saltó sobre ella; la tomó del brazo y la arrastró hacia un montículo de libros antiguos desgastados. Pero en segundos, con la misma rapidez con la que había caído, se levantó sin apartar la mirada. 

- !Dónde está el grimorio, o te partiré en dos! - rugio, siseando su latigo. 

- !No tan rápido, traidor! - dijo frunciendo el ceño. Y adoptando una postura defensiva se lanzó hacia él saltando por el aire, luego giró sobre sí misma para encajar el arma en el cuello. El francés cayó de bruces sobre varios ornamentos, tosiendo sangre por la boca. 

Dafne se dio media vuelta, y prosiguió a las escaleras que la llevó a la semi destruida biblioteca. Con la mirada estupefacta, se acercó a los enormes estantes repletos de libros forrados con piel, frascos de vidrio, folios amarillentos cubiertos de polvo, los últimos restos de los tristemente célebres templarios. Sabía muy bien, que estaba en el lugar correcto. Gracias al plano que su cómplice Duality había decodificado. 

Escudriño por las paredes concentrándose, hasta que pudo dar con un pasadizo secreto. Despejo las telarañas y entró arrastrándose hasta llegar a una pequeña estancia triangular. En el centro había una caja cúbica de mármol ámbar donde estaba el grimorio. Con suma rapidez sacó el misterioso libro, lo guardó en su bolso y reanudo la marcha. 

De pronto, el pasadizo se abrió abruptamente, dejándola caer en una caverna. Al levantarse con daga en mano, caminó sigilosa. Una grotesca esfera centinela emergió frente a ella girando, y sacando tentáculos que se lanzaron a su cuerpo. Dafne los sintió al rojo vivo, adheridos a su carne y estrujando sus entrañas. Cuando pensó que todo había acabado, recordó la gema Ónix con poderes sobrenaturales que robo en Viena. En un acto final de desesperación, sacó la gema de su cinturon he invoco el único poder que ningún mago se atrevería a usar. Enseguida, la esfera quedo atrapada tras columnas de fuego celestial. 

Dafne se levantó cojeando por las quemaduras en su cuerpo, y con supremo esfuerzo atravesó el resto de los túneles. Al salir, la enorme puerta de madera se azotó tras ella. Una pesada cortina de terciopelo blanco cubrió sus ojos, ahogando la respiración en su garganta cuando cayó al suelo desvanecida.

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