Daphne Kan - Mutantes de la Savannah


Después de haber escapado de los escorpiones oscuros, Daphne es transportada a una enorme esfera y tridimensional Savannah, donde se crían las hermosas mutantes y asesinas Cobras de cristal. 


Daphne se encontró aferrándose al borde de un acantilado, se agarraba a las raíces nudosas de unos arbustos, hilos de polvo cayeron en su rostro mientras luchaba por no caer. En su espalda, el Drakónico atrapado en su mochila rugía por salirse. Con agilidad dobló el cuerpo con fuerza y logró aferrarse a unas ramas, donde se quedó balanceándose sobre el abismo.

Sus brazos temblaron; su corazón latió con violencia.

La rama donde estaba comenzó a quebrarse, y cuando estuvo a punto de caer al vacío, escuchó el batir de unas alas, una garra se alargó y la tomó por el brazo hasta dejarla suspendida en el aire.

- ¡Puedo volar! -gritó Drakónico a los cuatro vientos. Pero en segundos, su cuerpo comenzó a descender a una velocidad vertiginosa, el peso de Daphne pareció multiplicarse por mil. En esos momentos, mientras la sujetaba, y con el miedo que podía aplastarla, comenzó a agitar sus alas con más fuerza.

- !Suéltame! ¡Suéltame! - gritó, ante el peligro inminente.

- !Lo haré hasta que sueltes mi cola! - bufó, lanzando una llamarada naranja.

Él se quedó flotando en el aire, lo que hizo que las hojas y el polvo se agitaran con fuerza. Ella se soltó de la pequeña cola rojiza y se dejó caer sobre sus rodillas, al impacto rodó por el suelo. Unas leves raspaduras sangraron de sus brazos.

- !Gracias! - exclamó, mientras se sacudía el polvo de su cuerpo. - ¿Estás enfadado, eh? no pensaba hacerte daño.  - dijo, sonriendo. Drakónico bufó.

Daphne levantó la mochila del suelo y se aseguró que el grimorio estuviera intacto. « Maldición. Seguramente mis amigos no pudieron traspasar a esta dimensión », pensó airadamente.

- Bien. Ahora que estamos fuera de peligro, !Dame mi piedra!. - demandó, entretanto sacó el látigo y lo ondeó en el aire.

- !Lo siento!, no hay manera que la recuperes. Debes esperar medio siglo para que mi sistema la defeque. - espetó exhalando humo por la nariz.

- ¿Que? !¿Que dices pajarraco?! !Vamos vomita! -  gritó enfurecida, mientras intentó hacerle escupir la piedra golpeándole la espalda, y sacudiéndolo por el cuello. La cola del pequeño Drakónico azotó hacia los lados. Ella lo zarandeó y él pataleó con el pico abierto dando chillidos. En ese momento, su cuerpecito comenzó a despedir una luz tornasol que la cegó y la obligó a soltarlo.

- !Demonios, que me has hecho! - gritó con furia.

- Solo me defiendo. ¿Qué querías que hiciera?  ¡Ya cálmate! pasará en unos segundos. - dijo. Después se quedó ahí, en silencio, observando la lamentable escena.

Al cabo de unos segundos, una enorme Cobra mutante apareció desde el fondo de una cueva, el siseo de su lengua bífida al deslizarse los hizo reaccionar. Drakónico sacudió las alas y lanzó un vibrante rugido y estampó sus pezuñas sobre la tierra para intimidarla. La amenazante reptiliana color diamante, con ojos color bronce levantó la mitad de su cuerpo y extendió su peligrosa capucha.

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