Daphne Kan - Mutantes de la Savannah

Su destino la lleva al mundo de la sacerdotisa Kobra Diamantina que se encuentra en otra galaxia. Sin saber que los peligros de la noche la aguardan desde la oscuridad.


Daphne apareció al borde de un acantilado. Se agarraba de las raíces nudosas de unos arbustos, hilos de polvo cayeron en su rostro mientras luchaba por no caer. En su espalda, el Drakónico atrapado en su mochila rugía por salirse. Con agilidad dobló el cuerpo con fuerza y logró aferrarse a unas ramas, donde se quedó balanceándose sobre el abismo.


Sus brazos temblaron; su corazón latió con violencia.


La rama donde estaba colgado comenzó a quebrarse, y cuando estuvo a punto de caer al vacío, escuchó el batir de unas alas, una garra se alargó y la tomó por el brazo hasta dejarla suspendida en el aire.


—¡Puedo volar!  —gritó el pequeño Drakónico.


Pero en segundos, su cuerpo comenzó a descender. El peso de Daphne pareció multiplicarse por mil. En esos instantes, mientras la sujetaba, y con el miedo de no poder sostenerla, comenzó a agitar sus alas con más fuerza.


—¡Suéltame! ¡Suéltame!  —gritó, Daphne.

—¡Lo haré hasta que yo lo decida!  —bufó, lanzando una pequeña llamarada naranja.


Él se quedó flotando en el aire, lo que hizo que las hojas y el polvo se agitaran con fuerza. Luego la soltó de sus pequeñas garras, y ella cayó sobre sus rodillas, al impacto rodó por el suelo. Unas leves raspaduras sangraron en sus brazos.


—Hey, ¿Cómo hicistes para salir de la mochila? Y... espera... no, no puede ser, has crecido, ¿como así?

Pasamos a otra dimension, ¿no te das cuenta?


Ella alzó una ceja y chasqueó la lengua. No importaba la respuesta de Drakónico, pues ella recordó una larga lista de reglas absurdas, que le impedían realizar la más sencilla de las acciones en esa tercera dimensión. No, sin la magia de su poderosa Gema Ónix.


—Debo encontrar a mis amigos! —dijo, mientras sacudía el polvo de su cuerpo.


Draco asintió con la cabeza sin mediar palabra.


Levantó la mochila del suelo y se aseguró que el grimorio estuviera intacto. Suspiro aliviada. Pensó en sus amigos, y echó un vistazo cerca del acantilado, por los árboles, pero no encontró indicio que estarían a su alrededor. « Maldición. ¿Dónde estarán? » Pensó con preocupacion.


—Ahora que estamos fuera de peligro, ¡Vamos, escupe la gema!

—Debes esperar medio siglo para que mi sistema la defeque.  —espetó exhalando humo por la nariz.

—¿Qué? ¿Qué disparates estás diciendo pajarraco? —¡Vamos vomita! —gritó enfurecida, mientras intentaba hacerle escupir, golpeándole la espalda, y sacudiéndolo por el cuello. 

—¡No suéltame! ¡Suéltame! 


En la desesperación, el pequeño Drakónico azotaba el suelo con su cola. Ella lo zarandeó y él pataleaba con el pico abierto dando chillidos. En ese momento, su cuerpo comenzó a despedir una luz tornasol que la cegó y la obligó a soltarlo.


—¡Ay! ¡Demonios!  —gritó, mientras se cubría la cara con las manos. 

—Solo me defiendo. ¡Ya cálmate! pasará en unos segundos.  — dijo. 


Al cabo de unos segundos, escucharon unos siseos a cierta distancia, que se fueron volviendo más nítidos a medida que se acercaban. Al instante, una enorme Kobra Diamantina apareció desde el fondo de unas rocas, el siseo de su lengua bífida al deslizarse los hizo reaccionar. Drakónico sacudió las alas y lanzó un vibrante rugido y estampó sus pezuñas sobre la tierra para intimidarla. La amenazante reptiliana mutante de ojos color bronce, levantó la mitad de su cuerpo y extendió su peligrosa capucha.



Capitulo 4
Capitulo 5
Capitulo 6
Capitulo 7
Capitulo 8
Capitulo 9
Capitulo 10
Capitulo 11
Capitulo 12

Comments

  1. Que gran personaje creaste. Me gustaría leer más aventuras.
    Besos.

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    1. Hola, Dmiurgo
      Me alegra saber que te están gustando estas aventuras. Pronto comenzaré a escribir mas capítulos. Gracias por la visita y comentario
      Un abrazo!

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