La Espía Que Me Odió



El detective Hardbucks Smart es el protagonista de esta serie de aventuras, romance, diversos peligros, y muchas pinceladas de humor. El singular investigador deberá descifrar los enigmas de los casos con la ayuda de Monkin Donnas su colega fresa, de Xin Mi Edo su maestro de Zen, y ‘la Moski’ su perrita Dálmata. Todos los personajes y las situaciones descritas aquí son producto de mis vuelos intergalácticos.

Hardbucks Smart se desprendió de su abrigo en el congelado silencio para estar más confortable, saco su libretita, su bolígrafo azul y comenzó a escudriñar el cadáver de un famoso forense antropólogo que sin vida yacía con el cerebro desparramado sobre su cama de leopardo. Un fuerte aroma a mujer y café envolvía el tenebroso espectáculo.

Aquella escena le pareció particularmente grotesca y cruel; siguió tomando notas y al levantar la vista una pintura extraña fuera de lo normal captó su atención. Una bella, voluptuosa y desnuda fémina aparecía provocativamente dejando caer en su boca un líquido viscoso y blanquecino desde una copa. Un impulso lo hizo inclinarse para bajar el cuadro y una expresión de sorpresa se dibujó en su rostro al recordar y reconocer a Vicktorina Sikret, la famosa modelo de lencería rusa.

La voz fresa de Monkin Donnas, su ayudante inseparable lo extrajo de sus pensamientos.
- Este caso me huele a la petite mort. - asumió parpadeando los ojos.
- ¿Que le hace deducir eso? - cuestionó Smart, mientras confirmaba la firma bajo la lupa sonriendo incrédulo.
- ¿Qué no sientes ese exquisito aroma a café mezclado con sudor y sexo? - dijo, aspirando por la nariz, mientras revolvía las sábanas.
- Yo percibo el olor a muerte. - respondió,  frotándose las sienes con ambas manos.
- ¿Cuál será el misterio de esa pintura? la beldad de la mujer o la copa de semen? - preguntó, Donnas.
- Caramba, parece usted tener el pensamiento muy caldeado. - respondió, devolviendo el cuadro a su lugar.
- Soy muy observador, además de intuitivo. - replicó, indignado.

Puede ser un ardid. - argumentó Smart, mientras su vista vagaba por el amplio dormitorio. La decoración era extravagante, pero sus ojos cayeron en dos repisas metálicas que apilaban libros de novelas eróticas de época victoriana y de literatura sadomasoquista. Uno de ellos le atrajo especial atención. Se titulaba “Los pecados de las ciudades de la planicie” una novela que expone los secretos de los Mary-Ann victorianos. El Dr. extendió la mano para sacar el libro, al abrirlo se encontró con la página ‘Sadismo y Masoquismo’, la cual contenía un breve texto subrayado con plumón amarillo.

- Juegos crueles y perversos para disfrute homoerótico… - leía con entusiasmo, cuando súbitamente fue interrumpido por su temperamental compañero.
- ¿Encontró usted alguna pista particular en el occiso? - preguntó.
- Oh, sí. Mire ese minúsculo punto rojo al costado del brazo derecho de la víctima. Como ve, es muy fácil pasarlo inadvertido sin lupa. - dijo, al darle el lente.
- !Caracolas! !Es el sello de Lucifer! - exclamo.

- Pero lo más interesante, es esta caja de cerillos medio destruida del cabaret Moulin Rouge acompañada con esta extraña fotografía. - dijo, cerrando el libro y devolviéndole a su lugar.
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